Wednesday, March 09, 2011

La gente que me conoce sabe que soy obsesivo con el gimnasio.

En la radio me dicen “Vaquillón”, que es como –me he enterado- se le dice a los musculosos chantas o a los que no les resulta ser musculosos.

Como a mí.

Una señora que siempre me habla en el gimnasio me dice “Mi hijo siempre te ve acá y dice que tu con todo lo que vienes deberías ser más muscuoso”.

Y yo: (sonrisa) “Si”.
Y todo el gimnasio: Mirando.

Cuando la gente me pregunta les digo “Es que quiero se como el Pato Laguna” y si tuviera una cámara para sacarle una foto a las caras que me ponen justo en ese momento, haría una exposición llamada "Impresiones"

A mi “yunta” eso si que le resulta ser musculoso, pero él me dice que le gusta que yo sea así: “una masita gordita”

Sea como sea amo mi gimnasio. En estos años me he cambiado y siempre vuelvo al mismo ya que es el único donde realmente están constantemente arreglando las máquinas.

Soy amigo de toda la gente que trabaja ahí, me cuidan mis cosas cuando se me pierden y como me han visto pasar por todos “mis altos y bajos” saben que es un lugar importante para mi. Para mi "recuperación".

Lo más chistoso de todo es que antes mi gimnasio era “el taquilla” donde aparentemente iban todos los modelos de “Venga Conmigo” y “Motín a Bordo”. Hasta que un día TODOS decidieron que el gimnasio estaba muy apestoso y TODOS se fueron a otro gimnasio, quedando el nuestro irónicamente, libre de todos los apestosos.

Hoy en día hay unos ejemplares que son de película. Yo los admiro porque les da lo mismo todo. Por ejemplo, uno que cuando va, lleva un ejemplar de la revista Vogue y la lee llevándola de acá para allá.

Yo creo que muchos hombres no se ateverían a llevar una revista de mujeres mientras levantan pesas. Pero este gallo vive en su mundo al punto que me logra sacar siempre una sonrisa.

Denería haber más gente así.

Acá una foto que logré sacar piola de la revista Vogue en el camarín.